Salmo 6
¡Cuán
frágil es la vida del ser humano en este mundo tan cruel y salvaje!
¡Cuán
absurdos son el dolor, el sufrimiento, la enfermedad y la muerte, cuando
sabemos cuál ha sido tu Plan Original, oh Dios!
¡Cuán
sin sentido es el correr de los seres humanos cuando intentan encontrar el
sentido a la vida y llenar el vacío que sienten con cosas materiales y en
reconocimiento público!
¡Cuánta
vanidad consiste en gastar energías, tiempo y recursos materiales en construir
y defender las apariencias!
El que
confía en el Señor ve su vida más allá de su fragilidad y de la crueldad de
este mundo.
El
que pone su fe en Tus principios, oh Señor, entreverá rayos de esperanza aun en
el dolor, en el sufrimiento, en la enfermedad y en la muerte.
Benditos los que encuentran el sentido de sus vidas en Tu
Ley de amor y llenan sus vacíos interiores con Tus promesas.
Bendito aquel que entiende la vanidad de las apariencias
y embellece su carácter con Tu Justicia.
…..
Salmo 7
¡Cuán efímero es este mundo con todo lo que
lo define!
El ayer parecía muy significativo y
relevante. Pero lo era sólo ayer.
El hoy tiene ser otra cosa.
Ayer lo universal predominaba sobre lo
individual.
Hoy lo individual predomina sobre lo
universal.
Ayer lo ideológico predominaba sobre lo
psicológico.
Hoy lo psicológico predomina sobre lo
ideológico.
Ayer la politización predominaba sobre la
comunicación.
Hoy la comunicación predomina sobre la politización.
Ayer la homogeneidad predominaba sobre la
diversidad.
Hoy la diversidad predomina sobre la
homogeneidad.
Ayer predominaba lo coercitivo.
Hoy predomina lo permisivo.
El hoy parece muy significativo irrelevante.
Pero el mañana tiene sed de otra cosa.
Y así lo será hasta que la humanidad
encuentre en ti, oh YHVH Adonai, lo significante y lo relevante. Sólo entonces
profundizará su existencia porque se conectará con la eterna sabiduría.
Hasta entonces, ¡Cuán efímero es el mundo con
todo lo que lo define!
¡Benditos los que tienen sed y hambre de
YHVH!
.....
PARTÍCULAS EN EL UNIVERSO
Creemos que el mundo nos pertenece con cada amanecer.
Creemos formar parte de un metálico organismo urbano, con sus luces,
ruidos, ritmos.
Nos adentramos en el fluir del río del metro cada mañana, junto a
rostros soñolientos que, como el mío, sienten formar parte de la masa de la
humanidad.
Hasta que una noticia inesperada, una muerte lejana, puede unos
instantes desvelarnos la banalidad de la vida. Pero eso dura poco, nuestra vida
narrada en primera persona no concibe un relato sin narrador. El mundo existe
porque nosotros existimos, así de simple.
¿Dónde estaba yo antes de nacer? ¿Acaso el mundo no seguía girando,
latiendo con otras voces y otros aplausos?
Mantenemos rencillas, resentimientos, sobre asuntos concretos, como si
la vida dependiera de ello. Formamos un guión de culebrón con antagonistas,
secundarios. Analizamos el mundo desde nuestra mirada de espectador protagonista.
¡Qué ilusos somos! ¡Qué poco sabemos! Nos creemos dioses, cuando
apenas somos un suspiro.
¿Y Dios?, apenas nos acordamos, o bien lo usamos a nuestro antojo, un
aliado para nuestros anhelos. Pero siempre yo, yo y yo.
¿Acaso podremos llorar en nuestro propio funeral? ¿Observar las caras
de los asistentes, escuchar sus lamentos? ¿Acaso el mundo no continuará sin
nosotros, y ellos acaso no seguirán sin nuestra presencia?
Nuestro cetro es pura vanidad, con la luz de sol se desintegrará, y
solo en partículas flota junto al polvo interestelar que atraviesa galaxias, agujeros
negros sin que nadie se percate de ello.
¿Nadie? Hay alguien que lo hará, alguien que recoge las partículas de
lo que hemos sido, y las guarda a buen recaudo. Le hemos dado la espalda todo
el tiempo, y sin embargo, es el único que notará nuestra ausencia, que protegerá
nuestra esencia. Alguien que espera el momento propicio para soplarnos de
nuevo, cuando el tiempo no constituya nuestro enemigo implacable. Alguien que
nos creó para que fuéramos vivos en abundancia, sin deterioro, degradación.
Alguien que anhela que en este suspiro de vida que ahora nos toca aprendamos a
dar valor a los minutos, que más allá de la banalidad que nos envuelve y constituye,
hallamos podido atisbar que fuimos creados a su imagen para amar, mirar más
allá de nosotros mismos, aprender que la vida solo tiene sentido en el
desprendimiento de nuestro corazón.
Mientras, entendamos que todo es vanidad, excepto la intuición de que
unos brazos nos acogen al final.
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PRÓXIMO TEMA DE SALMOS,
para el viernes 16 de diciembre —a causa de puentes y días festivos—
(a partir del Salmo 82)

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