domingo, 4 de diciembre de 2016

Sección HERRAMIENTAS DE ESTUDIO




EL EVANGELIO DE JUAN, MÁS ALLÁ DEL USO DE LAS PALABRAS

Exponente: Doctor Josep Manel Prat

Pese a las dudas racionalistas del siglo XIX acerca de la autoría de Juan como autor del Evangelio que lleva su nombre, la gran mayoría de críticos actualmente considera que el que fuera el discípulo amado de Jesús es el autor de dicho evangelio. Escrito probablemente en Éfeso, sobre el año 100 d.C. Dirigido a creyentes de procedencia helena, en una época donde despuntaban las primeras herejías acerca de la naturaleza de Jesús y donde el primer amor había empezado a enfriarse.

Alejado de los evangelios sinópticos, el de Juan presenta unas características propias muy remarcables. En primer lugar, no aparecen parábolas en su texto, pero sí grandes discursos de Jesús. Sigue un orden cronológico de los hechos de la vida de Jesús pero centrados en su ministerio en Judea más que en Galilea, y omitiendo datos de su nacimiento.

Hay 31 relatos exclusivos en el evangelio de Juan que no aparecen en los sinópticos. El término “Reino de Dios” se verbaliza sólo en un par de ocasiones —en contraposición con los sinópticos, en los cuales el término "Reino de Dios" aparece 159 veces—, y a cambio es substituido por la expresión “vida eterna”. Y es que la escatología del evangelio de Juan se sitúa en el presente, en el ahora, cielo y tierra unidos en una visión verdaderamente teológica. No es el “sí, pero todavía no” de Pablo, sino un categórico “ya está aquí”. Esta idea de vida eterna entronca con el libro de Daniel, que profetiza la misión del Hijo del Hombre como Juez. Así, la vida eterna ya está aquí, con la victoria de Jesús en la pasi y ahora.﷽brar al Maestro, aquñí celebrar al Maestro, aquñigos directos de Jesipedagza o conocimiento, sino el Dios personal, inón y resurrección.

De ahí que su estructura narrativa se divida en dos partes bien diferenciadas: una primera parte —de los capítulos 1 al 12—, donde aparecen signos, indicios de la revelación de Dios en Jesús, y que culminan con la segunda parte —a partir del capítulo 13—, que  son los episodios de la pasión, donde el signo adoptará su sentido trascendental y se nos revelará la naturaleza divina de Jesús.

Sin embargo, lo que más llama la atención en el evangelio de Juan es el prólogo que inicia el texto, con ecos que recuerdan a conceptos de formación helenística y también gnósticos de la época. El término  “logos”  es paradigmático en este sentido; pero sus raíces no son gnósticas, ni filosóficas, ni herméticas, sino que beben del concepto de palabra creadora y reveladora de la cosmovisión hebraica siguiendo la herencia de Abraham y Moisés.

A pesar de estos conceptos con resonancias gnósticas—luz, conocimiento, renacimiento, Espíritu, etc.— que aparecen a lo largo del evangelio, la visión del mundo de la que parte Juan es claramente hebrea, asentada en las bases de las Escrituras. Son expresiones arameas envueltas en léxico griego, cuyo eco de terminología filosófica y gnóstica constituye un logro apologético por mover a la reflexión desde una dialéctica contemporánea acerca de quién es Jesús, su divinidad incuestionable, Creador, Sustentador del universo, Dios, no como fuerza o conocimiento, sino el Dios personal, inmanente, que se dio a conocer a los hebreos y que ahora se ha revelado al mundo en el Verbo encarnado. Juan entra en una dialéctica reflexiva al hacer resonar términos contemporáneos y vincularlos a la visión hebraica. Porque lo importante no es el léxico en sí mismo, sino el conocimiento de Dios que nos llevará a entender el sentido de las palabras.

Y para ello, no le pesa al evangelista inventar expresiones que no existían en griego —algo parecido a lo que hiciera Pablo, movido por el mismo empeño pedagógico—. Así, “creer” es “creer en”, es decir, no creer en algo abstracto de manera aséptica, sino creer en Jesús, establecer un vínculo relacional, personal con Él. Del mismo modo, “ver” desde la mentalidad hebrea es experimentar, gozarse. “Conocer” no es solo contemplar, sino obedecer, y obedecer solo es posible a través del amor.

“Yo soy el camino, la verdad y la vida”, esta declaración en boca de Jesús rompe con todos los paradigmas filosóficos y gnósticos. Es la proclamación de la divinidad de Jesús, que constituyera una blasfemia para los judíos, y ahora un truncamiento con cualquier cosmovisión panteísta acerca de la divinidad.

Este entusiasmo de Juan sobre la persona de Jesús nos va a garantizar que Jesús es Dios y que su palabra es tan poderosa como su presencia. Sus lectores, generaciones futuras que no han podido ser testigos directos de Jesús, pueden verle en las palabras, conocerle; porque más allá del léxico, del uso de las palabras, nuestra relación personal gracias a la ayuda del Espíritu Santo nos permitirá ver, gozarnos, amar, obedecer y celebrar al Maestro, aquí y ahora.



PRÓXIMA REUNIÓN, sábado 7 de Enero,
en Carrer Urgell 133, a las 17 h.,
EL LIBRO DE LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES,
a cargo de José Antonio Troncoso Pérez,
Licenciado en Teología por la Facultad de Teología de Sagunto.


Si deseas compartir tu experiencia de lectura sobre el Evangelio de Juan, te invitamos a la sesión Club de lectura que tendrá lugar el domingo 18 de diciembre a las 17 h., en Carrer Urgell 133.

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